¿Cómo distingues la intuición del miedo al tomar una decisión?
Pregúntate qué elegirías sin la presión de fuera y después hazte cargo del camino que tomes, sea cual sea. Jacqueline Le Saunier cuenta que una decisión tomada por miedo fue el punto de inflexión para aprender la diferencia.
Casi todo el mundo ha tomado alguna decisión que después reconoció como miedo disfrazado de sensatez. El problema es que, en el momento de elegir, las dos cosas se sienten igual.
De dónde surgió la distinción
El relato de Jacqueline Le Saunier sobre cómo aprendió la diferencia empieza con una decisión que tomó a mediados de la veintena bajo una fuerte presión de su entorno, y que describe como tomada por miedo y no desde su propio sentido de lo que era correcto. Lo que sacó de ello no fue una regla, sino un compromiso: no quería volver a dejarse mover por la presión externa. Ha dicho abiertamente que esa claridad tuvo un coste personal real.
La decisión hace la primera parte del trabajo
Comprometerte a vivir según lo que es verdad para ti pone procesos en marcha incluso antes de que se te dé bien. Ella insiste en que eso no la volvió coherente de la noche a la mañana. Lo que cambió fue que empezó a preguntarse, en momentos cotidianos: ¿qué siento aquí?, ¿qué es verdad para mí aquí?, ¿qué defiendo de verdad? Para alguien cuya tendencia por defecto era contentar a todo el mundo, esa pregunta ya era la práctica.
La señal es suave, la mente es ruidosa
Según su descripción, la intuición llega en matices finos, mientras que el pensamiento cotidiano es ruidoso y habitual, y es al que se da crédito por defecto. Buscó formación externa precisamente para aprender a notar señales más sutiles y no solo la voz más fuerte de su cabeza.
La prueba es hacerte cargo, no acertar
Cuando percibas una dirección y elijas otra, dítelo en esos términos: noto hacia dónde apunta esto y ahora mismo decido otra cosa, porque aún no me siento en condiciones o no tengo la capacidad. Ese planteamiento hace que la decisión siga siendo tuya. La alternativa, pensar que otra persona te lo hizo imposible, cede la responsabilidad y, con ella, la posibilidad de replantearlo más adelante.
Dos advertencias. El miedo puede ser información: una fuerte reticencia a veces identifica con acierto una mala situación, y tratar cada duda como un bloqueo que hay que superar es un error en sí mismo. Y una decisión tomada bajo la presión de personas que te quieren sigue siendo una decisión tomada bajo presión.
Ideas clave
- Pregúntate qué elegirías si no hubiera presión externa.
- Nombra la decisión que de verdad tomas, también la prudente.
- La intuición llega en voz baja; el pensamiento habitual suena más fuerte y se le da crédito por defecto.
- No toda duda es un bloqueo que haya que forzar.
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