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¿Se puede entrenar la percepción psíquica o es algo con lo que simplemente naces?

Las dos cosas cuentan, pero el entrenamiento decide lo que de verdad puedes hacer con ella. Pascal Voggenhuber cuenta que al principio su percepción era algo de lo que quería librarse, no algo que quisiera desarrollar. Un entrenamiento estructurado le dio control sobre cuándo estaba abierta y cuándo cerrada.

Mucha gente describe percepciones poco habituales en la infancia: una presencia en una habitación, un compañero que nadie más ve, la sensación de algo antes de que ocurra. Lo habitual es suponer que se trata de un don fijo: o lo tienes o no lo tienes.

Querer perderla, no desarrollarla

Pascal Voggenhuber, médium y autor que lleva más de veinte años trabajando públicamente, describe algo distinto. Percibió por primera vez a una persona fallecida a los tres años. Durante la infancia y la adolescencia tuvo compañeros que, según entendía, los demás no podían ver. Pero cuando de joven buscó formación, su motivación no era desarrollar esa capacidad. Quería deshacerse de ella. En aquella época se estaba formando como actor y la percepción constante le resultaba agotadora y le desbarataba el día a día.

Lo que le dio el entrenamiento no fue más percepción, sino control. Aprender a usar sus sentidos de forma deliberada le permitió decidir cuándo estar abierto y cuándo no. Ese cambio, de estar a merced de la percepción a dirigirla, es lo que hizo que la capacidad le resultara manejable en lugar de agotadora.

La repetición por encima del talento

Un profesor le dijo que tenía un don poco común. Él no acepta esa explicación. Venía de las artes marciales de competición y aplicó el mismo enfoque: repetir el mismo ejercicio hasta que salga de forma fiable. La regla de su propio maestro era hacer un ejercicio mil veces antes de juzgar si sabes hacerlo, y otras mil antes de juzgar si el ejercicio sirve de algo. Cuenta que entrenó un solo ejercicio durante dos años y medio.

Percibir desde pequeño no es una cualificación

Alguien que ve cosas desde la infancia no ha aprendido necesariamente nada sobre cómo manejarlo. Voggenhuber lo dice sin rodeos: percibir cosas desde que naciste no significa que hayas hecho tu propio trabajo interior. Si no has examinado tus propios patrones, van a teñir todo lo que percibas de otra persona.

Así que plantearlo como innato o entrenado es dividirlo por el sitio equivocado. Lo que separa una capacidad útil de una inmanejable es si la persona ha aprendido a activarla y desactivarla, a distinguir lo suyo de lo que está percibiendo y a repetir el trabajo el tiempo suficiente para que se vuelva fiable.

Ideas clave

  • El entrenamiento aporta control, no más percepción.
  • La repetición importa más que el talento, según cuenta el propio médium.
  • Percibir cosas en la infancia es un punto de partida, no una competencia.
  • Los patrones personales sin examinar distorsionan todo lo que se percibe.

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